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Cuando se habla de vender al Estado en Chile, la mayoría de las empresas pone el foco en las licitaciones públicas. Y tiene sentido: son la regla general, están abiertas a cualquier proveedor registrado y se publican masivamente en Mercado Público. Pero existe otro mecanismo que muchos proveedores desconocen o subestiman: la licitación privada. Un proceso más acotado, más silencioso, y que puede representar una oportunidad concreta si estás bien posicionado.
Lo primero que hay que entender es que una licitación privada no aparece de la nada: siempre viene precedida de un proceso público. Es decir, el organismo ya licitó de forma abierta y nadie presentó ofertas. Recién ahí, con esa licitación pública desierta como antecedente, puede activar el mecanismo privado e invitar directamente a un grupo acotado de proveedores del rubro. Entender esa secuencia es clave para saber cuándo y por qué aparecen estas oportunidades.
En este artículo encontrarás todo lo que necesitas saber sobre las licitaciones privadas en Chile: su definición, el marco legal que las regula, las causales que permiten al Estado usarlas, cómo se diferencian del trato directo y, sobre todo, qué puedes hacer como proveedor para estar en el radar cuando una de estas licitaciones ocurre.
Según la definición oficial de ChileCompra, una licitación privada es un procedimiento administrativo de compra en el que el organismo público invita a un grupo específico y limitado de proveedores a presentar ofertas. A diferencia de la licitación pública (donde cualquier empresa puede participar), aquí el llamado es cerrado y dirigido.
La ley exige que participen al menos tres proveedores del rubro. El comprador publica el proceso en Mercado Público, fija un plazo para recibir ofertas y adjudica al proveedor que ofrezca las mejores condiciones según los criterios establecidos. El proceso está regulado por el artículo 8° de la Ley N° 19.886 (Ley de Bases sobre Contratos Administrativos de Suministro y Prestación de Servicios) y el artículo 10° de su Reglamento.
Hay un punto que conviene subrayar: el uso de este mecanismo no es opcional ni discrecional sin más. La entidad compradora debe emitir una resolución fundada que justifique por qué recurre a la licitación privada en lugar del proceso público. Eso da cuenta de su carácter excepcional dentro del sistema de compras públicas.
¿Cuál es la diferencia entre licitación privada y licitación pública?
Entender la diferencia entre ambas no es solo un ejercicio conceptual. Para un proveedor, marca la diferencia entre poder postular libremente o depender de que el comprador te tenga en mente.
La licitación pública es la regla general. Cualquier empresa o persona natural con iniciación de actividades puede participar si está inscrita en Mercado Público. Se usa cuando el monto de la contratación supera las 1.000 UTM y el proceso es completamente abierto.
La licitación privada, en cambio, es un mecanismo excepcional. No tiene un umbral de monto único que la defina: lo que la activa es la causal que justifica su uso, no el valor del contrato. El organismo elige a quién invita, con un mínimo legal de tres proveedores, y el proceso (aunque igual se publica en Mercado Público) no está abierto para que cualquiera se sume.
Un aspecto relevante a mencionar es que la licitación privada también requiere bases de licitación y criterios de adjudicación, igual que la pública. No es un proceso informal. La transparencia y la competencia siguen presentes, aunque el universo de participantes sea acotado.
Este punto es el más importante para entender la lógica del mecanismo. El Estado no puede recurrir a la licitación privada cuando quiere: debe acreditar que se configura alguna de las causales establecidas en el artículo 8° de la Ley N° 19.886.
La principal situación que habilita este mecanismo es cuando Licitación pública desierta. Si se realizó un llamado público y no se presentó ningún oferente, el organismo puede reeditar el proceso como licitación privada. Es la causal más frecuente y la más clara: si nadie postuló en abierto, se invita directamente a proveedores del rubro.
Cabe mencionar que la Contraloría General de la República también tiene atribuciones de control sobre estos procesos. Según la Resolución N°14 de la Contraloría, los contratos adjudicados por licitación privada requieren Toma de Razón cuando superan ciertos montos: más de 10.000 UTM para contratos de la Contraloría General o las Contralorías Regionales Metropolitanas; más de 8.000 UTM para las de Valparaíso, Biobío y La Araucanía; y más de 5.000 UTM para el resto de las contralorías regionales.
Es muy común confundir ambos mecanismos, y la diferencia importa.
El trato directo es aún más excepcional que la licitación privada. En él, el organismo comprador puede contratar con un solo proveedor, sin necesidad de comparar ofertas. Las causales son más restrictivas y el proceso prescinde de competencia.
La licitación privada, en cambio, siempre implica comparación: mínimo tres proveedores, bases de licitación, plazo de presentación de ofertas y adjudicación basada en criterios objetivos. Hay competencia, aunque sea en un círculo pequeño.
Para el proveedor, esto tiene una implicancia práctica: en una licitación privada aún hay que preparar una oferta sólida y competitiva. El proceso se evalúa igual que en una licitación pública, con criterios técnicos y económicos definidos en las bases.
Aunque en una licitación privada el comprador te invite, la participación siempre ocurre a través de la plataforma Mercado Público. Por eso, el primer requisito es estar registrado y con la ficha de proveedor actualizada.
Para eso necesitas:
Una ficha de proveedor completa y actualizada es lo que los organismos revisarán antes de decidir a quién invitan. No es un trámite menor.
Los organismos compradores buscan proveedores por rubro o código ONU (también conocido como UNSPSC). Si tus rubros no están bien definidos en tu perfil, puedes quedar fuera del radar aunque ofrezcas exactamente lo que necesitan. Revisa regularmente que tus categorías de productos o servicios estén correctamente clasificadas.
Aunque no puedas inscribirte libremente en una licitación privada, sí puedes ver el proceso publicado en Mercado Público. Si detectas que se abrió una licitación privada en tu rubro y no fuiste invitado, esa información te da pistas sobre el comportamiento de compra de esa institución y te permite prepararte para futuras oportunidades.
Los compradores públicos tienden a invitar a proveedores que conocen, con quienes han trabajado antes o que tienen un perfil sólido en el sistema. Participar en licitaciones públicas, cumplir en tiempo y forma, tener órdenes de compra exitosas y acumular buenas evaluaciones es la forma más efectiva de aparecer en la lista de invitados cuando llega una licitación privada.
Si eres invitado, el tiempo que tienes para presentar tu oferta puede ser más acotado que en una licitación pública. Ten documentación estándar siempre disponible: certificados al día, propuestas técnicas base, estructura de precios actualizada. La agilidad en este proceso puede marcar la diferencia.
La Ley N° 21.634, que moderniza la Ley de Compras Públicas, introdujo cambios importantes que entraron en vigencia el 12 de diciembre de 2024. Aunque su foco principal está en la licitación pública (uso obligatorio de bases estandarizadas, simplificación de nomenclaturas, nuevos plazos), su impacto en el ecosistema general de compras también se siente en los mecanismos excepcionales como la licitación privada.
La modernización busca mayor transparencia y estandarización en todos los procesos. Para los proveedores, eso se traduce en un sistema más claro, con menos espacio para la discrecionalidad, y donde el cumplimiento de las formalidades es cada vez más importante. Conocer bien la normativa vigente ya no es opcional: es parte de saber vender al Estado.
Las licitaciones privadas son oportunidades reales, pero son excepcionales por definición. La mayor parte del negocio con el Estado sigue pasando por las licitaciones públicas: procesos abiertos, con miles de oportunidades publicadas cada mes en Mercado Público, y donde cualquier proveedor bien preparado puede competir.
La mejor forma de estar listo para cualquier mecanismo de compra (público o privado) es conocer bien el mercado en tu rubro, participar activamente en licitaciones públicas y construir un historial sólido con el Estado. Eso requiere tiempo, método y herramientas adecuadas.
LicitaLAB está diseñado para exactamente eso: ayudarte a encontrar las oportunidades que más te convienen en Mercado Público, hacer seguimiento a los procesos en curso y analizar el comportamiento de compra del Estado en tu industria. Si quieres dejar de buscar licitaciones a mano y empezar a gestionarlas con cabeza, prueba LicitaLAB gratis y descubre cuántas oportunidades estás dejando pasar. ¡Haz del Estado tu mejor cliente!